Rechazar comida en la sierra peruana

Rechazar comida en la sierra peruana

La costumbre de compartir comida está muy extendida en Perú. Esto no se limita a las visitas en casa o a las ocasiones especiales como fiestas u otras actividades similares; sino que además es frecuente, por ejemplo, llevar algo de comer como regalo cada vez que viajamos e incluso hay quien lo hace si va a solicitar un favor. Dulces, snacks, platos elaborados, bebidas, todo es válido.

En costa, sierra y selva esto se repite, siendo recibido con agrado por parte de los agasajados. Porque, siendo sinceros, nos encanta comer. Hay algo muy dentro nuestro que nos impulsa a entregarnos sin mesura a los placeres culinarios. Y es que la comida peruana es una verdadera vorágine de sabores, texturas y aromas por demás sabrosos. Apenas si nos hemos recuperado del último atracón de comida, cuando estamos listos ya para una segunda ronda de carbohidratos exquisitamente sazonados. Nos encanta sorprender a los visitantes con la excelente sazón de nuestra cocina, siendo motivo de orgullo el ser elogiados por lo rico y complejo de nuestros sabores.

Y es que para nosotros la comida es más que un mero conjunto de alimentos. El comer juntos es un vínculo que nos hermana, intimamos más y mejor compartiendo platos que nos hacen agua la boca. No hay nada como la sensación de bienestar que nos proporciona descubrir en nuestro paladar reminiscencias de la leña que alimentó el fogón en que cocinamos; adivinar, entre la explosión de sabores que nos inunda, trazas del carbón que dio vida al horno es casi sublime; el percibir la húmeda esencia de la tierra que nutrió al tubérculo que paladeamos, o el frescor del campo donde creció el limón que ahora acompaña al pescado, nos acerca creando lazos permanentes que se refuerzan y perduran con cada comida.

Hasta aquí, todo bien. Pero si vas a viajar a Perú con ansias de practicar turismo vivencial hay algo más que debes saber. Rechazar la comida en la sierra peruana, se considera una ofensa. No escribo esto con afán de alarmar a nadie. No es que te vayan a lapidar si rechazas comer cuando alguien intenta mostrarte su hospitalidad de esa manera. Simplemente no te volverán a ofrecer nada más. ¿Y eso que tan negativo puede ser? En realidad todo depende de varios factores. Pero pongo un ejemplo práctico. Algo que me sucedió junto a un amigo, hace ya algún tiempo.

Llegamos a una pequeña localidad de la sierra, la cual estaba de aniversario. Es preciso señalar que, de las más de tres mil festividades realizadas anualmente en Perú, la mayor parte de ellas son de carácter religioso. Buena parte de estas fechas festivas fueron aprovechadas para la fundación de pueblos y ciudades. Con lo cual las fechas festivas católicas y los aniversarios de las localidades se corresponden. El caso es que, por error, ingresamos a una casa creyendo que era un restaurante. Dentro se realizaba una fiesta en honor al patrono del lugar. En lugar de ponernos mala cara, los dueños nos recibieron con los brazos abiertos. Buscaron un lugar para nosotros en su mesa e instalaron frente nuestro sendos platos llenos de comida a rebosar. Al ver tanta comida, mi amigo la rechazó como pudo. Adujo que aún no tenía hambre, pero que en breve aceptaría algo para picar. ¿Resultado? Las humeantes fuentes de potajes iban y venían sin cesar, mi plato se llenaba una y otra vez mientras el suyo ni siquiera aparecía. Todos bebían, saboreaban y compartían mientras mi amigo, ya con apetito, sólo podía oler lo que los otros disfrutaban. Todos le dirigía la palabra, pero nadie le daba ni una solitaria papa.

Mi amigo no sólo había ofendido a los dueños de casa, sino también a la familia entera. Puede parecer exagerado pero es una costumbre arraigada en gran parte de la sierra peruana. Ambos sabíamos que el no aceptar la comida que se nos ofrecía equivaldría a hacerles un desplante en toda regla. Algo más inteligente de su parte hubiera sido aceptar el plato para dar algunos bocados de cuando en cuando, así aunque no consumiera mucha comida no habría ofendido a nadie.

Los orígenes de esta curiosa característica de los pueblos andinos se pierde en el tiempo. Se me ocurre quizá, que puede tratarse de alguna reminiscencia de las épocas incaicas o pre-incaicas; épocas en las cuales el desperdiciar alimentos o recursos era algo impensable. Otra hipótesis que puedo contemplar es que, al ser la región andina la menos desarrollada en todos los aspectos, la que más ha sufrido la carencia de alimentos, donde la hambruna y desnutrición golpean aún con fuerza en algunos puntos, el rechazar la comida que se nos ofrece es prácticamente un sacrilegio imperdonable. La razón de este comportamiento puede que sea otra, realmente no es fácil saberlo. Sin embargo es una más de las cientos de características que moldean nuestra cultura, tan compleja e interesante. Así que antes de rechazar comida en la sierra peruana mejor pensarlo dos veces y aventurarse a picar algo sin llegar a exagerar.

Foto Pachamanca por Massimo Piazzi

Authored by: Carlitos Fox

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *